Y ¿Si el disco de Festos fuera una falsificación?

Seamos simples turistas o verdaderos aficionados y profesionales de la historia y de la arqueología, entramos en los Museos de muchas ciudades creyendo que todo cuanto se expone en ellos está formado por genuinas piezas encontradas en yacimientos arqueológicos. Nadie parece dudar de ello. Sin embargo, desde hace muchos siglos, ha sido común crear falsificaciones arqueológicas. ¿Cómo? Si, sé que suena extraño, pero las falsificaciones son una realidad y abundan más de lo que nos es imaginable. Aun es más asombroso oír, a puertas cerradas, a los arqueólogos admitir que algunas de estas piezas falsas se conocen perfectamente pero no han podido ser denunciadas y mucho menos retiradas de los museos. Pero ¿porqué? La respuesta es sencilla, negocio y prestigio.

Hay que entender que hay piezas falsas que suelen ser la estrella de algunos museos. Cientos de miles de personas vendrán para admirar dicho hallazgo en exposición. Luego está el prestigio del Museo ¿qué va a pensar la gente de la seriedad de un Museo si en este se ha estado exponiendo un hallazgo falso durante décadas?
Pues bien, el Disco de Festos, puede ser una de esas piezas falsas que no han sido reconocidas a causa del negocio y del prestigio.

Jerome Eisenberg

Así al menos es lo que afirma Jerome Eisenberg, que es un experto en falsificaciones artísticas además de director de la Royal-Athena Galleries de New York. Jerome lleva 60 años dedicado a la especialidad de Arte Antiguo y ha escrito numerosas publicaciones especializadas en antigüedades y numismática clásica. Pero antes de explicar lo que afirma Jerome Eisenberg, hablemos un poco del Disco de Festos.

Disco de Festos

Este disco, de unos 15 centímetros de diámetro, es y ha sido considerado el hallazgo más famoso de Creta después del Palacio de Knosos. La fama de uno y otro están a la par. Ningún visitante en Creta debería irse de la isla sin ver ambas maravillas. El Disco de Festos es, además, el primer documento “impreso” hallado hasta hoy. Resulta que los signos que aparecen en él están “impresos” en la arcilla con el auxilio de punzones a los que previamente se ha tallado la forma del signo. Esto lo hace único en su género y en su probable época de manufacturación. No se ha encontrado nada parecido a este disco en toda Creta y los signos son también únicos, aunque tienen semejanzas evidentes con los utilizados en Egipto, los de la escritura luwiana y últimamente parecen también emparentados con la escritura elamita.

Escritura Elamita (una de ellas, ya que los elamitas también utilizaron los signos cuneiformes). Andis Kaulins encontró numerosas similitudes con los signos del disco de Festos. Por supuesto, en la escritura Elamita están esquematizados.
Algunos logogramas de la escritura Luwiana.

El disco en cuestión, fue encontrado por el arqueólogo italiano Luigi Pernier en julio de 1908, mientras dirigía las excavaciones del palacio minoico de Festos, de ahí el sobrenombre del disco. Luigi Pernier, hay que decirlo aquí, se convierte en director de las excavaciones en ausencia de su mentor Federico Halbherr, quien había sido detenido en Italia por un turbio asunto. Poco después del hallazgo, Luigi Pernier es nombrado director de la recién creada Escuela Arqueológica italiana de Atenas.

Tabla PH1 con signos de escritura minoica Lineal A

En los tiempos del descubrimiento, la figura del arqueólogo Arthur Evans sobresalía como ninguna en los medios arqueológicos por el sensacional descubrimiento del Palacio de Knossos. Su nombre eclipsaba a cualquier otro arqueólogo implicado en excavaciones en la isla de Creta, incluidas las llevadas a cabo por Federico Halbherr quién, por cierto, era un buen amigo de Evans. Luigi Pernier, que estaba en segundo plano, entra en juego cuando, por ausencia forzada de Halbherr, se convierte en el encargado de dirigir la excavación del Palacio de Festos. Pero entonces, Pernier tiene la asombrosa fortuna de encontrar el disco de Festos, junto con otra pieza, una tablilla codificada como PH1.

Plano del Palacio de Festos. Como suele suceder con este tipo de excavaciones, los estratos de construcciones de diferentes periodos se superponen unos a otros. Estos estratos están representados aquí con diferentes colores.

Los métodos de datación de aquellos años no eran, ni de lejos, como los de ahora y, desde luego, los de ahora también tienen sus lagunas. Luigi Pernier, en su informe del hallazgo afirma que este se produjo en el sótano de la casa 8 en el edificio 101, el cual formaba parte de un conjunto de otros edificios situados al noroeste del palacio principal de Festos. Así nos lo cuenta la wikipedia inglesa: “Fue encontrado en la celda principal de un «depósito de templos» subterráneo. Estas celdas del sótano, a las que solo se puede acceder desde arriba, se cubrieron cuidadosamente con una capa de yeso fino . Su contenido era pobre en artefactos preciosos, pero rico en tierra negra y cenizas, mezclado con huesos de bovino quemados. En la parte norte de la celda principal, en la misma capa negra, unas pocas pulgadas al sureste del disco y aproximadamente 20 pulgadas (51 centímetros) sobre el piso, también se encontró la tableta Lineal A PH 1 . El sitio aparentemente se derrumbó como resultado de un terremoto , posiblemente vinculado con la erupción del volcán Santorini que afectó a grandes partes de la región mediterránea a mediados del segundo milenio antes de Cristo”. Según estos datos y, teniendo en cuenta que el disco es encontrado junto con la tableta PH1 se dedujo que su antigüedad debía ser de unos 3.500 años, es decir la Edad de Bronce media o tardía de la cultura minoica.

El disco de Festos tal y como puede admirarse en el Museo de Histórico de Heraklion (Creta).

El disco de Festos, pasó a ser expuesto finalmente en el Museo Histórico de Heraklion (Creta) donde está en la actualidad y, por su singularidad, llamó la atención de toda clase de estudiosos e investigadores. Pronto se convirtió en la pieza estrella por autonomasia de este museo, que es visitado por cientos de miles de personas de todo el mundo. ¿Hasta que punto las visitas pueden verse resentidas si el disco no es expuesto durante una temporada? La pregunta viene dada por la polémica suscitada sobre su autenticidad.

Y es que el Dr. Jerome Eisenberg, llegó a cuestionar que el disco encontrado por el arqueólogo Luigi Pernier tenga la antigüedad que se pretende de 3.500 años. El Dr. Jerome sospecha que Luigi Pernier mandó que se crease esta falsificación con el fin de alcanzar renombre y eclipsar un tanto el alcanzado por Arthur Evans en aquel entonces. Por supuesto, esta posible acusación de fraude no era la única ya que otros estudiosos del disco, como Andis Kaulins, también llegaron a pensar lo mismo, pese a intentar el descifrado del texto en 1980 consiguiendo también un resultado asombroso, ya que, al parecer en él se exponían los postulados 4 y 5 de la geometría Euclidiana. Otro descubrimiento sensacional, pero con un problema, y es que Euclides oficialmente vivió en el siglo III-II antes de la Era Cristiana y claro, el disco de Festos es, por lo menos setecientos años más antiguo ¿o tal vez no?. Kaulins había descifrado el disco con bastante profesionalidad y al gusto de los más renombrados especialistas. Sin embargo su trabajo fue descrito por sus colegas como plausible, aunque especulativo especialmente por el hecho de que faltaba más material escrito (con iguales o parecidos signos que aparecen en el disco de Festos) que den consistencia y corroboración a su hipótesis interpretativa. Y es que uno de los problemas que plantea el descifrado correcto del disco de Festos es la falta de otros textos con los que corroborar que la interpretación ha sido correcta. Con poco más de 241 signos, 45 caracteres y 61 palabras es difícil que se de por buena una traducción de un texto inédito en su escritura aunque con parentescos con otras.

Kaulins conoce a Jerome Eisenberg y lo apoyó, junto con Robinson, en 2008 en su petición formal de que se hiciese un estudio del dísco físico (original) con modernas técnicas de datación. Robinson no piensa que el disco sea una falsificación, pero está firmemente convencido de que se debe realizar una prueba de termoluminiscencia sobre él. Esta prueba confirmaría de una vez por todas si la pieza hallada por Luigi Pernier es verdadera o falsa y, sobre todo su antigüedad, la cual se presupone pero no está confirmada. Esta petición formal fue remitida al Museo Histórico y Arqueológico de Heraklion. La respuesta a la petición fue que el Museo no podía arriesgarse a prestar para su estudio el disco debido a su fragilidad y al hecho de que para hacer dichas pruebas es necesario hacer unas pequeñas perforaciones en el mismo que podrían dañarlo. Los investigadores creen que es solo una excusa del Museo para que no se le haga una “prueba de paternidad” a su hijo más predilecto. Las pequeñas perforaciones, que ya se han hecho en otras piezas examinadas en numerosos museos, no han supuesto daño visible alguno a las mismas y esto es bien sabido por el conjunto de la comunidad de investigadores. Por tanto, este no debe ser el problema principal, a menos que tengan más miedo a la torpeza de mano de los técnicos que a la técnica en si misma. Y es que hay algo más en juego que la mera rotura de una pieza arqueológica única en su género pues, si resulta que, a causa de las pruebas, se descubre que la pieza es una falsificación, entonces queda en entredicho la reputación profesional y humana de muchos investigadores de renombre, además de dejar huerfano a un Museo que ha recaudado mucho dinero en visitas de personas que han venido especialmente a observar el famoso disco. ¿Para qué arriesgarse a poner en juego tanto si dejando las cosas como están es provechoso para la mayoría?

En consecuencia, y hasta el día de hoy, el disco de Festos sigue sin haber sido analizado y la discursión de si es verdadero o falso sigue abierta. Unos quieren que se aplique el canón de la ciencia y otros prefieren seguir los dictados del mercado.

© Alman – 2019 iberaldeaweb@gmail.com

P.D.: He decidido utilizar en este escrito la denominación española de disco de Festos, en detrimento de la francesa y inglesa Phaistos, también escrita Faistos. En griego PH suena F y AI se pronuncia E, exactamente como en francés. De hecho, los monjes benedictinos que normalizaron la lengua francesa hace no mucho tiempo, utilizaron el modelo de pronunciación de las vocales griegas.